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    Todo es demasiado

    POR: CARAOTADIGITAL - JUNIO 22, 2017 Foto: AFP

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    La crisis venezolana es un largo quejido que cumple ya dieciocho años de edad. Es una crisis adulta. Una crisis que pide a gritos ser resuelta cuanto antes. Una crisis que no acepta seguir envejeciendo. Es mucha la sangre derramada. Mucha la tumba abierta. Son incontables los hogares rotos, los negocios saqueados, los años perdidos. Ya todo es demasiado.

    En todo este tiempo, la sociedad civil ha ejercido todas las opciones posibles de protesta, ha luchado tenazmente por sus derechos y ha resistido los embates más crueles e irracionales por parte del régimen. Ha ido a cualquier cantidad de elecciones, siempre en estado general de sospecha todas ellas. (Hasta que nos convertimos en magnitud y ya no hay trampa que sirva. Solo les queda –lo sabemos- no hacer elecciones). Ha firmado planillas, manifiestos, remitidos. Ha llenado las calles con una persistencia abrumadora. Se han tapizado las esquinas del mundo con nuestro llamado de auxilio. Se han coreado cualquier cantidad de consignas, himnos y arengas a voz en cuello. Se han escrito libros, artículos, crónicas, reportajes, canciones.

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    Días decisivos

    POR: CARAOTADIGITAL - JUNIO 15, 2017

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    La sensación se ha generalizado. Todo el país siente que estamos en la antesala de un episodio mayor. El gran misterio que le otorga tanto suspenso a los días que transcurren es cuál será el desenlace. Podemos estar cerca del fin del mundo – a escala Venezuela – o a la víspera del inicio de una nueva nación. Cada día, a la vertiginosa trama, se le añaden nuevos personajes, giros inesperados y escenas de altísima temperatura en su violencia. Violencia pura y dura. Somos un país no apto para menores de edad.

    La actual situación es insostenible por mucho tiempo más, se asegura. Pero en estos días hemos descubierto que el infierno tiene varios sótanos. Y los gerentes de la pesadilla han demostrado que no poseen escrúpulos a la hora de extremar sus agravios. Las fuerzas uniformadas perdieron su mayor insignia: la autoridad moral. La violencia del régimen se ha convertido en un “servicio a domicilio”. Allanan hogares, roban, asesinan mascotas, tumban verjas, rompen vehículos y dañan ascensores por el puro placer de hacerlo. Diseminan terror a manos llenas. Se han hecho trágicamente inolvidables

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