• vzla fuego

    La oscura fiesta del odio

    POR: CARAOTADIGITAL - MAYO 18, 2017

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    La borrachera es colectiva. La mal llamada revolución bolivariana terminó inoculando su rabia originaria al país entero. El resentimiento, que es el alimento estructural del chavismo, sustentado en el oxidado argumento de la “lucha de clases”, ha mutado en un monstruo de múltiples perfiles. Hoy en Venezuela el odio campea a sus anchas. Se odia al distinto y al cercano, se odia de norte a sur, en público y privado, a vecinos y viejos amigos, a compañeros de trabajo o de generación. Pocos escapan a la turbia borrachera. El denominado escrache es el nuevo punto de inflexión. Sin duda, abonado por el régimen durante ya casi dos décadas de acoso a la empresa privada, saqueos al erario público, expropiaciones indebidas, corrupción vergonzosa y satanización de las clases media y alta. Se comenzaron a dispensar etiquetas de odio como “escuálido”, “apátrida” u “oligarca”, para hacer breve el inventario. Pasado el tiempo, la revancha devolvió sus reflejos. Y hoy somos este desastre

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    Duelo y determinación

    POR: CARAOTADIGITAL - MAYO 11, 2017

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    Hoy no tengo palabras. Solo este nudo torcido en el silencio. Un silencio denso que se pasea por las imágenes de guerra que, cada día con más saña, marcan el asfalto entero del país. Estoy frente a mi computadora y no hallo en el idioma ninguna frase que me sostenga. Estoy ladeado. Triste. ¿Quién no lo está hoy? Se me caen las sílabas hacia dentro del silencio. Y me quedo así. Mudo. En estupor. En un duelo profundo. Intento escribir y no puedo porque encima de mi teclado está el cadáver del joven Miguel Castillo. Roto. Con un más nunca en el pecho. Y tapándome las vocales está el cuerpo asesinado de Armando Cañizales. Y cubriendo las consonantes, con toda su sangre, están los más de 40 asesinados en este apocalipsis firmado por Nicolás Maduro. Y entre los adjetivos solo encuentro el cuero cabelludo de Oriana Whaskier, la joven manifestante arrollada sin misericordia por un “hombre nuevo” del régimen. No encuentro palabras, insisto. Estoy ronco de dolor. Tengo afónico el discernimiento

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