{"id":2695,"date":"2015-07-26T00:01:08","date_gmt":"2015-07-26T04:31:08","guid":{"rendered":"http:\/\/leonardopadron.com\/wp\/?p=2695"},"modified":"2015-07-26T02:01:03","modified_gmt":"2015-07-26T06:31:03","slug":"la-casa-grande","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/leonardopadron.com\/wp\/la-casa-grande\/","title":{"rendered":"La casa grande"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Tiempo de tormenta. Turno de decisiones. Clima de borrasca y viento. Luz dif\u00edcil.<br \/>\nDesde hace meses no dejo de recibir invitaciones a charlas, conversatorios y tertulias que gravitan alrededor del mismo tema: las razones para seguir apostando por el pa\u00eds, para quedarse y lidiar, para no irnos en desbandada. No es un tema f\u00e1cil. Es complejo por in\u00e9dito, por extra\u00f1o a nuestro h\u00e1bito, por subjetivo y personal. Es un tema espinoso por el espinoso pa\u00eds que hoy vivimos. Por el caos que nos rodea. Por la violencia de la marea que golpea nuestras certidumbres y ataduras.<br \/>\nAhora bien, ocurre que habitualmente uno no anda explicando las razones que tiene para no irse de su casa. Uno, simplemente, est\u00e1, permanece, hace hogar en ella. Construye familia. Teje su d\u00eda a d\u00eda. Come all\u00ed, duerme en ella, la pasea descalzo, se demora en sus ventanas, erige su biblioteca, pone su m\u00fasica, dom\u00e9stica su almohada, conoce sus ruidos y caprichos. Es el lugar donde pugnas con tus gripes, tus despechos o tus resacas. El espacio donde ocurren tus epifan\u00edas y descalabros. Donde m\u00e1s has celebrado la navidad, los peque\u00f1os triunfos y cada nuevo cent\u00edmetro de altura de tus hijos.<br \/>\nMi casa, si me pongo espec\u00edfico, limita al norte con la fiesta que es el Caribe, al sur con la selva fant\u00e1stica de Brasil, al oeste con kil\u00f3metros de vallenato, cumbia y hermandad y al este con la vastedad del Atl\u00e1ntico y ese litigio hist\u00f3rico, otra vez de moda, que es Guyana. Mi casa tiene el techo azul casi todo el a\u00f1o. Mi casa es un clima de mangas cortas y risa f\u00e1cil. Mi casa tiene un cat\u00e1logo de playas irrepetibles. Y si la camino a fondo me topo con la belleza de sus abismos de agua, con la neblina a caballo de sus p\u00e1ramos, con sus \u00e1rboles redondos, con su sol de tamarindo y papel\u00f3n. Mi casa tiene 30 millones de habitantes. Tiene un oc\u00e9ano de mujeres hermosas, nocturnas y sensuales. Mi casa es una geograf\u00eda vehemente y delirante. La han llamado Tierra de Gracia, Peque\u00f1a Venecia, Norte del Sur, El Dorado, Crisol de Razas, Para\u00edso Perdido. En mi casa se baila en todas las esquinas, se toma cerveza sin piedad, se coleccionan abrazos, se hace el amor en cada vest\u00edbulo, y se hace el humor hasta el amanecer.<br \/>\nEn mi casa est\u00e1 mi infancia, mi ventana y mi l\u00e1mpara, mi postre favorito, mi carro, mi lista de amigos, mi cine recurrente, mi ruta de librer\u00edas, mi estadio de beisbol, mi zona de costumbre y apegos. El sol nace y se pone en mi casa.<br \/>\nResulta que mi raz\u00f3n de ser, lo que me explica y define, limita por todas partes con mi casa. Este es el domicilio de mis entusiasmos y obsesiones.<br \/>\nTengo una vida entera en ella. Y una vida entera es mucho tiempo. Es todo el tiempo. Una vida amueblada por mis a\u00f1os, mis logros y mis mejores fracasos.<br \/>\nY sucede que a pesar de todo eso, tengo que explicar por qu\u00e9 no me quiero ir de mi casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Generalmente, cuando no llega el agua a mi casa averiguo, pregunto, resuelvo, compro, instalo un tanque. Cuando aparecen filtraciones busco, llamo, persigo al plomero. Cuando la basura se acumula en el dep\u00f3sito reclamo, toco la puerta, hablo con la junta de condominio. Cuando se agrietan sus paredes, cuando se colma de insectos, cuando la cubre el polvo, cuando se trastornan sus aparatos, cuando la polilla ataca, en todos esos casos, no suelo irme, no desisto, no salto por la ventana. Sencillamente, me ocupo. La lleno de atenciones. Busco prodigios que la sanen.<br \/>\nS\u00ed, en estos tiempos las goteras se han vuelto absurdas, el techo se ha corrompido, el agua sale negra, la luz es escasa, el tronar de las armas eclipsa el bullicio de las guacamayas, la nevera se ha llenado de vac\u00edo y nostalgia, a los insectos se le han sumado alima\u00f1as impensables. Mi casa es hoy un tesoro arruinado, malbaratado, saqueado. Pero es mi casa. Me cuesta no atenderla. No procurar remedios. No aportar la cal de mis opiniones, la despensa de mis esmeros, el martillo de mi insistencia y su tanto de \u00e9tica, perspectiva y confianza.<br \/>\nMi casa est\u00e1 rota. Y yo me sumo a la reparaci\u00f3n. No al adi\u00f3s. Irme es un verbo posible. Tengo derecho a hacerlo. A veces me intoxico de ganas. Pero entiendo que en cualquier otro conf\u00edn ser\u00e9 un extranjero. Un emigrante. Un n\u00f3mada accidental.<br \/>\nEs una opci\u00f3n v\u00e1lida, leg\u00edtima. En ciertos casos, emocionante, y en otros, atemorizante. Es irresponsable juzgar a quien se va. Irse posee el calibre de las desgarraduras. El exilio es una palabra llena de piedras. Quien parte intenta llevarse el peso existencial de la casa. Busca sostenerla desde la distancia. Toda mudanza es incertidumbre y desvelo. Es una acrobacia espiritual.<br \/>\nHay vecinos que se han ido, otros que est\u00e1n haciendo maletas, ensayando un nuevo idioma, aprendiendo a usar un GPS. Mis hijos se despiden de sus mejores amigos. Mi pareja se despide de sus mejores amigos. Mis mejores amigos se despiden de sus enemigos.<br \/>\nLe pregunto a mi hija de 13 a\u00f1os por qu\u00e9 no se ir\u00eda del pa\u00eds. Me suelta una r\u00e1faga de sustantivos: la gente, el clima, el idioma, la comida, el paisaje, los amigos. Y agrega algo inesperado: \u201cme gustar\u00eda estar cuando se arreglen las cosas y ver el cambio\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace poco le\u00ed en el blog de alguien un concepto interesante. Dec\u00eda Daniel Pratt: \u201cmigrar es aceptar que tu lugar y t\u00fa no pueden continuar juntos, rendirse, asumir que no hay manera de arreglarlo. Tienes que divorciarte, perder, naufragar (\u2026) Desde el momento que partes eres extranjero siempre, hasta en tu propio pa\u00eds\u201d.<br \/>\nY, vamos a estar claros, hay mil razones para irse, y quiz\u00e1s solo diez para quedarse. Pero esas diez razones pueden justificar tu vida.<br \/>\nEn estos tiempos los venezolanos estamos viviendo una experiencia in\u00e9dita. En esta \u00e9poca de ideolog\u00edas y militancias extremas, el desencanto ha hecho que el pa\u00eds est\u00e9 advirtiendo el mayor de los \u00e9xodos de su historia. Me he topado con la conmovedora circunstancia de ver a una madre hacer todo lo posible por separar a su hijo de ella. Apur\u00e1ndolo para que se vaya a estudiar a Calgary. Lej\u00edsimo. Para salvarlo. Para saberlo seguro.<br \/>\nY, ciertamente, las migraciones son tan antiguas como la especie humana. No deber\u00eda alarmarnos tanto. Cada ser humano est\u00e1 obligado a vivir sus propios renacimientos.<br \/>\nPero la casa no puede quedarse sola. Necesita la atenci\u00f3n de sus propietarios. Este extra\u00f1amiento, este estupor colectivo, nos hace comprometernos a\u00fan m\u00e1s con el momento hist\u00f3rico que estamos viviendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfEs este el fin del pa\u00eds? No. Los pa\u00edses no concluyen. Es este un episodio severo. Amargo. Ruinoso. Se habla de la inflaci\u00f3n m\u00e1s alta del mundo. De la escasez m\u00e1s pavorosa que hemos vivido. Del corrimiento del sistema de valores. De una violencia s\u00f3rdida y copiosa que ha convertido al mapa entero en sangre y luto. As\u00ed de grave est\u00e1 la casa, as\u00ed de extrema la inundaci\u00f3n. S\u00ed, hacemos agua por todas partes. Los pron\u00f3sticos del tiempo anuncian s\u00f3lo noticias oscuras. Entonces, \u00bfdesertamos?, \u00bfdesmantelamos lo que queda? Es una opci\u00f3n, pero \u00bfrealmente queremos renunciar a nuestra casa?<br \/>\nSi esta es la piedra fundacional de nuestros d\u00edas, \u00bfqu\u00e9 estamos haciendo para detener su ruina? \u00bfBasta con el largo quejido que hoy somos? Si no nos involucramos, toca renunciar, incluso estando adentro. Dejar que otros impongan la ruta de nuestros afanes.<br \/>\nEs f\u00e1cil ser ciudadano de un pa\u00eds cuando el viento es benigno, cuando el subsuelo es oro, cuando el peat\u00f3n ejerce la alegr\u00eda como contrase\u00f1a, cuando la comida abunda, cuando el mar es amable y no hay marea alta en el horizonte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero tambi\u00e9n hay que ser ciudadano cuando el pa\u00eds est\u00e1 enfermo, acosado por la indolencia, atascado en un pantano de errores, cuando es v\u00edctima de sus propias contradicciones. El pa\u00eds, nuestra casa mayor, nos necesita en su adversidad, en sus fiebres, en la penuria y la borrasca. Querer a alguien es tambi\u00e9n lidiar con su infortunio. Si tu pareja se enferma de c\u00e1ncer, \u00bfla abandonas?, si tu mejor amigo cae preso, \u00bfrenuncias a visitarlo?; si tu hijo sucumbe a las drogas, \u00bfle das la espalda?, si tu madre comienza a sufrir de Alzheimer, \u00bfle sueltas la mano y dejas que camine sola hacia la locura? Supongo que no. Pasa igual con el pa\u00eds. Si los que aqu\u00ed insistimos no nos comprometemos en buscarle cura a sus desvar\u00edos, en otorgarle coherencia y sensatez, entonces no vale la pena quedarnos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los optimistas (dicen que es una raza en extinci\u00f3n en el territorio nacional) saben que toda crisis genera una mina de posibilidades. Repito a Francois Guizot en su afirmaci\u00f3n de que los optimistas son quienes transforman al mundo. La lecci\u00f3n ante nuestros errores acumulados ha sido amarga. Pero es hora de responder. De apostar duro. De vivir cada d\u00eda como construcci\u00f3n. De devolverle a esta tierra de gracia todo lo que nos ha dado, empezando por el derecho a existir y crecer en su aire, en su luz, en su maravilla, maravilla que vamos a devolverle con nuestras ganas de seguir perteneciendo a un gentilicio, de seguir viviendo en la casa grande de nuestra existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Leonardo Padr\u00f3n<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tiempo de tormenta. Turno de decisiones. Clima de borrasca y viento. Luz dif\u00edcil.<br \/>\nDesde hace meses no dejo de recibir invitaciones a charlas, conversatorios y tertulias que gravitan alrededor del mismo tema: las razones para seguir apostando por el pa\u00eds, para quedarse y lidiar, para no irnos en desbandada. No es un tema f\u00e1cil. Es complejo por in\u00e9dito, por extra\u00f1o a nuestro h\u00e1bito, por subjetivo y personal. Es un tema espinoso por el espinoso pa\u00eds que hoy vivimos. Por el caos que nos rodea. 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