Los escritores Karina Sainz Borgo y Juan Carlos Méndez Guédez reflexionaron sobre la obra de Leonardo Padrón en el ciclo Biblioteca al día, programa que celebra la aparición de algunos de los títulos más destacados del año en España
En mi país la muerte está de moda
El aire se ha vuelto una lámpara oscura
Una zona de odio y flores inquietas…
Como un mandato inexplicable los lectores, al unísono, tomaron sus teléfonos para grabarlo mientras recitaba el poema «Cédula en mano», con la ansiedad de quienes no quieren perderse un acto de belleza y recomposición.
La primera vez que Leonardo Padrón participó en una actividad literaria en España fue en 1996, en el Palacio Anaya de Salamanca, como parte de un programa de ponencias, en el marco de la Cátedra Ramos Sucre regentada por la Universidad de Salamanca. Para ese entonces era escasa la presencia de literatura venezolana en el entorno español.
Del mismo modo, previa a la aparición de La difícil belleza de las esquinas en 2025, antología de poesía publicada en España, Padrón formó parte de dos compendios, uno realizado por la revista Cuadernos del Ateneo (Tenerife, 2004) y, justo 20 años después, en la antología El adiós de Telémaco (Madrid, 2024).
Desde aquel día de 1996 su obra se ha movido por los dos continentes, en especial este año gracias al Instituto Cervantes, organismo promotor de la lengua española en el mundo, que ha dado particular protagonismo a la literatura venezolana en tiempos recientes, al también publicar partes fundamentales de la obra de Teresa de la Parra y estar ahora mismo preparando para 2026 una exposición sobre Rufino Blanco Fombona.
En ese momento fui consciente de que estaba presenciando un momento único del trayecto literario de Leonardo Padrón. De la mano de la editorial Pre-Textos, con La difícil belleza de las esquinas, el poeta caraqueño se convirtió en el primer autor venezolano en participar en el ciclo Biblioteca al día, programa que celebra la aparición de algunos de los títulos más destacados del año en España.
En esta ocasión, los escritores Karina Sainz Borgo y Juan Carlos Méndez Guédez fueron los anfitriones encargados de hurgar en su escritura. Padrón, con la experiencia de un autor que se mueve en varios géneros, reveló en ese encuentro la confluencia de las diferentes voces literarias que le habitan, con las que convive; voces con las que ha plasmado la intensidad emocional de su escritura, siempre marcada por el tono del poeta que deja huellas imborrables en sus lectores.
El autor abrió su intervención con la placidez del que se siente en otra de sus casas rodeado de innumerables afectos. Habló de la escritura como una forma de hacer música, insistiendo en el proceso de reescritura, un ejercicio exhaustivo que busca desgranar al poema hasta que encuentra su versión final.
Luego habló de su vida, de su relación con la imagen y con el lenguaje como un modo de ampliar la realidad de lo cotidiano. «Nunca me separé de la metáfora», advirtió, «los grandes poetas que a mí me marcaron eran poetas de la imaginería».
«El presentimiento de la belleza»
Por lo que contó esa noche, Leonardo Padrón escribe poesía porque se enamoró de la vivencia de escribirla, del trabajo de combinar las palabras y de esa sensación inasible que Octavio Paz llamaba las «explosiones verbales». Por su parte, Padrón describe ese hecho literario como la «experiencia del relámpago, el presentimiento de la belleza».
Los versos de Padrón son reflexiones en las que el poeta se detiene para comprender lo que le rodea, lo que percibe y lo que aún puede retener con la palabra. Para él, escribir es acercarse al misterio de lo inmediato, de lo carnal. Reescribir es escarbar en lo superficial, acendrar el primer impulso.
De nuevo, Leonardo Padrón impregnó Madrid con su lirismo, con la solemnidad reconfortante de su voz quebrada por la fatiga en la garganta, como si la poesía requiriese un esfuerzo mayor que la conversación ordinaria.
Una velada que reveló la conexión de varias generaciones marcadas por la emigración, la memoria y el amor por la palabra, con imágenes que dejan testimonio de su merecido lugar en el catálogo de la prestigiosa editorial Pre-Textos y una evidencia más de cómo la literatura venezolana se ha ido asentando en el mundo literario español.
Y como si Padrón estuviese destinado este diciembre a dejar nuevas huellas, los organizadores le pidieron que posase en una foto en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, próximo a la antigua máquina de escribir de Rafael Cadenas, depositada en la caja 1287 por el poeta barquisimetano en 2023.
Por eso lo imagino escuchando el clac clac de las teclas, el sonido que arropa a todos los autores venezolanos dispersos por el mundo. Una fotografía que será la prolongación de la presencia de la literatura venezolana en Madrid y en España, una literatura que espera, emerge y al fin se consagra como el futuro más inmediato de la escritura en nuestra lengua.
