• FRAGMENTOS DE UNA MONTAÑA RUSA - Web

    Fragmentos de una montaña rusa

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    Saldo de dos semanas de vacaciones con mis hijos: un elefante de 2.500 kilos me aplasta contra la cama. Allí ando, bocabajo, la espalda demolida, las articulaciones crujiendo, la billetera en ruinas y una sonrisa de satisfacción que no admite ser desalojada por el tonel de oscuras noticias que signan al país.

    Se supone que todo viaje recreacional entraña el descanso como primer mandamiento. Pero un viaje, no importa su naturaleza, es también esfuerzo, ahínco. Cuando sales de tu hogar, sales de ti. Hay un extrañamiento en proceso. Tu rutina queda abolida y entra en juego el vapor de lo distinto. Apenas despertarte, tu mirada entiende que debe acoplarse a otro juego de relaciones con el mundo físico. Incluso si es un espacio conocido. Ya no estás en tu siempre. Los cinco sentidos lo saben.

    Vacacionar debería ser también considerado un deporte.

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  • Sin título-1

    Un hombre rodeado de agua

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    Apenas tenía doce años cuando, desde un ferry que iba a Margarita, su papá avistó la isla de Cubagua y le soltó a rajatabla: “A que no nadas de aquí hasta allá”. El hijo, con el desenfado de los adolescentes, le dijo que sí, pero sólo se quedó viendo con atención esa larga distancia azul. Veinticinco años después atravesaba a nado 63 kilómetros de mar abierto. Era la primera gran hazaña de Antonio Saint Aubyn, un cumanés de apellido francés y genes portugueses que todos llaman Toño y muchos sospechan que tiene más alma de anfibio que de humano

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  • Romeo y Julieta en el Sebin - Web

    Romeo y Julieta en el Sebin

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    Gloria nunca imaginó que iba a conseguir su gran historia de amor en el tremedal de las protestas que surcaron al país durante el primer semestre del año 2014. Recuerda nítidamente el día que se acercó al campamento que se organizaba en Santa Fe. A fin de cuentas, esa era su urbanización, el sitio donde creció. Veía cómo algunos jóvenes llevaban colchonetas, carpas, comida. Bajó de su edificio con sus manos pintadas de blanco y su pancarta. Esa vez apenas advirtió a Eitan, un joven bachiller que bajaba por el otro lado de la calle. Pero él sí se detuvo en ella. Tanto que días después coincidieron en el campamento y luego de abordarla le describió la ropa que llevaba la primera vez que la vio. Gloria negó ser ella. Solo quería constatar cuánto había reparado en su estampa. Coqueteaba de la forma elusiva que emplean las mujeres

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