• Sin título-1

    Bandidos de un solo brazo

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    A veces uno se encuentra las historias en los paradores de carretera. En el Km. 25 de la vía Caracas-Valencia son muchos los conductores que suelen detenerse en Maitana, un típico merendero de la ruta. Allí me encontraba una mañana desayunando. El lugar estaba repleto. El rumor de los comensales cubría cada rincón. De pronto, un ladrido estentóreo, gigantesco, paralizó a la clientela. El ladrido provenía del baño de caballeros. Todos fijaron la vista en la pequeña puerta. Un hombre surgió, con cara de espanto, y alertó que adentro había un perro. Un perro furioso, sin duda. Se forjó un silencio expectante, temeroso. Hasta que un grupo de hombres rompió en carcajadas cómplices celebrando la actuación del compañero surgido del baño. Todos tenían algo en común: les faltaba un brazo

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  • Reading a book at the beach

    Noticias del mar revuelto

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    El viento anda de visita en la isla de Margarita. Es su costumbre en marzo.
    Un niño intenta armar un papagayos con una bolsa de plástico rota, un hilo rojo y varillas de bambú. Es lunes. No está en el colegio. Su padre prepara un jugo de papelón con limón para los pocos clientes que ese día buscan una dosis de gastronomía criolla en “El Rincón de las Empanadas” en Pampatar. El niño está concentrado en la faena. Muerde su lengua mientras su chola izquierda, rasgada y vieja, se balancea al son de su pie. Su padre lo azuza a moverse de sitio. El niño sale disparado con su precario papagayo y trata de convencer al viento. Al fondo, la madre ofrece empanadas reposadas o hirvientes, con carne mechada o molida, la Ricky Martin o la de cazón. Es lunes y hay un niño fuera de la escuela y uno se llena de preguntas que nadie responde

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  • Pero tenemos tania - Web

    Pero tenemos Tania

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    Vamos por la carretera de Nirgua. En el paisaje triunfa cierto aire a desolación. A asunto no terminado. A pueblo que iba a ser y no fue. Un letrero anuncia con pompa el nombre de un comedero: “Restaurant: Talento, Clase y Estilo”. En el vehículo, nos vemos con desconcierto. Alrededor solo hay un vertedero de basura, dos perros que muestran el costillar, monte y orfandad. Al rato, otro letrero más honesto nos hace su oferta: “Sopa, Seco y Jugo”. A 50 metros, un nuevo negocio: “Dios oye, venta de empanadas”. Tanto misticismo nos intimida y seguimos. Un rancho en ruinas, a orilla del camino, ostenta un cartel: “Se vende”. Faltaría agregar: “Verlo es comprarlo”, tal como reza la literatura del ramo

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