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    El momento crucial

    Por CaraotaDigital - abr 28, 2016

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    Lo llaman interior. Provincia. Con desdén y arrogancia le dicen monte y culebra. Todo aquello que no es Caracas. Todo lo que no tiene tono de gran metrópolis, sede del poder central, tráfago de seis millones de personas. Son dos países. Uno donde triunfan el hacinamiento, el caos, la efervescencia cultural y las oportunidades. Otro donde se imponen los grandes espacios abiertos, lo desasistido, el hilo de las tradiciones, lo entrañable y lo ruinoso. Cuando se habló de desabastecimiento crónico, ya el interior tenía meses sufriéndolo. El hambre abrió su boca primero en ese lugar que también llaman la Venezuela profunda. Los racionamientos eléctricos han tenido su gran sala de ensayo en comarcas muy lejanas a Catia, Chacaíto o Petare y hoy se asume oficialmente la distinción entre la capital y el interior. La sed nacional tuvo sus síntomas iniciales en Margarita, en Falcón, en Puerto Píritu. Dos países, una misma tragedia

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    El otro país

    Por CaraotaDigital - abr 21, 2016

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    Sí, somos un país difícil, un país extremo, un país depresivo, una fábrica de malas noticias. Somos todo eso y más. Un país sin democracia, de gobernantes autoritarios, políticos corruptos y megabandas delictivas (perdonen la redundancia), policías que secuestran, magistrados que se venden, bachaqueros, estafadores y empresarios que se alían con la zona más turbia del poder. Pero también hay otro país. También hay un a pesar de tanto. También hay miles y miles de ciudadanos en un afán de ribetes heroicos construyendo noticias de las otras, las que insisten en que no todo está perdido. Esas noticias casi nunca son titulares de prensa, no nos quitan el sueño, no nos dan de comer. Pero salvan. Son la resistencia. La trinchera ciudadana. La respuesta al infierno

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    Tiempo de solicitudes

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    Convengamos en un primer punto: los venezolanos estamos agotados. Ya, ya basta. Suficiente. Necesitamos regresar a la vida. Más aún, los venezolanos estamos asustados. Muy asustados. No entendemos cómo pudimos llegar a este derrumbe general. A este naufragio de la normalidad.
    Los temas de la vida cotidiana fueron arrasados por el huracán de la revolución. Ya casi nadie habla de la película que vio en la víspera, de la ropa que compró en un centro comercial, de la playa que visitó el fin de semana, de las hazañas escolares de los hijos o de la telenovela de moda, entre otras razones, porque ya no hay telenovela de moda, ya no hay temas frugales, ya no hay levedad posible. Todo es grave, penoso, incierto

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